Es probable que pocas veces los cambios se hayan sucedido tan rápido y de forma tan brusca como en estos últimos años. En muchos aspectos nunca antes hubo una época como la que afortunadamente nos ha tocado vivir. Las novedades se suceden a diario, y la vida útil de muchos productos y servicios es de apenas unos meses antes de, bien quedar obsoletos, bien verse superados en características, en prestaciones o en el valor percibido por el Cliente.

Valor. Ése es el objetivo buscado. Creación o aportación de valor. Entiéndase valor por la primera de sus acepciones. Esa que lo define como “grado de utilidad o aptitud de las cosas para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite“. Del mismo modo que no hay dos Clientes iguales, su percepción de valor es también única y singular. Ahora podemos decir sin miedo a equivocarnos que también los Clientes cambian, y que si nuestra respuesta no evoluciona con ellos, los perdemos. Otro los gana.

Es en esta época, trufada de cambios y revoluciones en el modo de hacer, de proveer o de producir, en la que tenemos que ejercer y desarrollarnos como profesionales. Por ello resulta imprescindible mantener una mente abierta que te permita aceptar el cambio, escuchar y aceptar ideas diferentes, y adaptarte a nuevas técnicas y herramientas. Evita que tus viejos modelos, métodos y creencias, los de tu negocio o los de tu organización ahoguen la innovación y el cambio.

¿Es acertado el diagnóstico que hacemos de nosotros mismos? 

Todos presumimos de estar preparados para el cambio, para saber aceptarlo, o incluso liderarlo. Es la actitud correcta, sin duda, pero asegurémonos. Haz de vez en cuando el ejercicio de evaluarte, con franqueza, y sin engañarte a ti mismo.

  • ¿Qué técnicas o herramientas uso habitualmente en el desempeño de mis responsabilidades?
  • ¿Cuánto tiempo hace que hago lo mismo y de la misma manera?
  • ¿Qué técnicas o herramientas has aprendido recientemente y has empezado a utilizar?
  • ¿Qué novedades has descubierto o conocido a través de la lectura, la investigación, asistiendo a foros, intercambiando experiencias o simplemente abriéndote al cambio?
  • ¿Cuándo vas a empezar?

Es que no tengo tiempo… Es que uso lo que realmente preciso y se ajusta a mis necesidades… En realidad es que no necesito cambiar nada… Es que mi organización, mi responsable o mi equipo están cómodos y habituados a cómo hacemos las cosas… para qué cambiar…

Las excusas típicas ya están todas patentadas.  Búscate otras.

Si no es tu caso, ayuda a quien veas procesa el cambio de esa manera. En cada situación hay una oportunidad. Cada problema o debilidad genera una solución alternativa, o crea necesidades nuevas a las que alguien dará respuesta. Igual eres tú o tu equipo quien puede hacerlo. Todo ello genera efectos, impactos, modos diferentes de hacer y de pensar.

Tómate tu tiempo, empieza poco a poco, paso a paso. Empieza por analizar aquellas áreas, procesos o herramientas que te generan un alto valor. Empieza por aquello en lo que crees que eres especialista. Reformula. Discute. Investiga. ¿De verdad sacas el máximo provecho o rendimiento al modo que tienes de hacer de las cosas? ¿Podría ser tu esfuerzo y el de tu equipo mucho más efectivo?

Abre este debate a tus colaboradores. Deja que opinen. Ábrete al cambio, ábreles las puertas. Muchas veces tan solo necesitas un rotulador y una pizarra. Crea el contexto, la ocasión, el foro. Crea la oportunidad.

Tu capacidad para generarlo o tu habilidad para favorecerlo son tan valiosas como su creatividad.

Sé agente del cambio. Facilítalo. Sé el líder que quieres ser y ellos necesitan.

 

 

¿Por qué no lo intentas?