En un equipo de trabajo, en un seminario, en un curso, durante una presentación, incluso durante una sesión de networking… siempre se da la misma situación.  Hay explicaciones científicas para ello, miles de estudios al respecto, pero creo que mi definición también es bastante descriptiva: siempre hay un “ruidoso“.  Es hora de aplicar tu liderazgo.

Miente quien diga que nunca ha tenido que lidiar con este perfil.  Vaya de antemano una consideración:  ser “ruidoso” no es necesariamente perjudicial. Muchos líderes, gurús, inconformistas, revolucionarios, emprendedores y hasta conquistadores han hecho gala del “gen ruidoso” para triunfar o marcar el camino.  El problema es cuando el ruido es la capacidad más sobresaliente, o dicho de otro modo, cuando el resto de habilidades no acompañan en la misma medida o la desproporción es manifiesta.

El “ruidoso no brillante“, llamémoslo así, no suele ser el que rema con mayor entusiasmo en la dirección correcta. Son esas personas que suelen utilizar un tono un punto más elevado del necesario, con su voz o con sus actos, y que o no usan el remo correctamente, o desequilibran el ritmo de paladas del grupo en los momentos menos oportunos.

¿A que ya tenéis visualizado un ejemplo que os resulte conocido?

Es habitual que tras esa asertividad mal entendida haya una alarmante falta de confianza.  A veces son personas con las que es difícil trabajar, compartir y contraponer ideas. Rara vez dejan que se les rebata o se les lleve la contraria, y difícilmente apoyan o confían en soluciones y proyectos de otros.

El problema no sólo es el ruido.  El verdadero peligro es que el ruido ocupe el silencio. Cuando gestionas Personas es muy común que el “ruidoso” acapare más atención, y que te ocupe un tiempo y un espacio desproporcionados, lo que puede acabar afectando al funcionamiento del Equipo y a los delicados equilibrios y fuerzas que tanto te costó hilvanar.

Ojo, mucho cuidado aquí.  Si esta es la situación ten por descontado que de tu respuesta y reacción están pendientes el resto de miembros del grupo.  Abre tu caja mágica de herramientas y tu libro de recetas de liderazgo:  los vas a necesitar.

Diferencia entre “ruidoso” y tóxico.  Una persona ruidosa no tiene que ser necesariamente nociva ni para el grupo ni para la misión. Trata de canalizar correctamente ese ímpetu, e intenta sondear y descubrir. Tal vez hay talento no identificado hasta entonces.  Si es así, ya sabes: debes potenciarlo al máximo.  Si por el contrario toxicidad y ruido se dan en la misma persona tienes un enorme desafío ante ti.  Haz ver la situación, traza un plan consesuado y monitorízalo dando todo tu apoyo y exigiendo todo el compromiso.  Evalúa todas las alternativas y brinda oportunidades al remero.

El “ruidoso” se crece en el silencio.  No optes por multiplicar el ruido, pero sí fomenta que haya otro discursos, otros puntos de vista, otros pareceres.  Incrementa las ocasiones y los foros donde las Personas del grupo puedan opinar, proponer y argumentar. Del debate siempre siempre siempre surgen nuevas ideas y tal vez soluciones.

¿Dije siempre? Sí, siempre.

Todo el mundo necesita ayuda y nadie nace aprendido. Muchas veces caemos en el error de no preguntar aquello que no sabemos o no entendemos por miedo a parecer inexpertos o poco capacitados… en comparación con el “ruidoso“.  Perdemos así un tiempo precioso, se bloquea la oportunidad de aprender de los mejores, y retrasamos tontamente la curva de aprendizaje.  Si el “ruidoso” monopoliza el foro debes fomentar la participación de todos, a veces callándole, a veces haciéndole compartir el micrófono.

De nuevo, tienes que ser un elemento facilitador.  Crea el ambiente propicio para que se extienda y se comparta el conocimiento.  No pongamos barreras a quien necesita y quiere preguntar o compartir antes de equivocarse. Es frecuente que haya culturas que asocian debilidad al hecho de pedir ayuda o consejo.   Con tu liderazgo, debes favorecer el crecimiento, el desarrollo y buscar la excelencia.

 

¿Y si el “ruidoso” eres tú?

¿Lo eres?  ¿Lo has sido en algún momento?  ¿Eras un gurú? ¿Tenías la solución a todo?  ¿Eras infalible?  Seguro que no.

Analiza, haz el ejercicio. Puedes caer en la tentación de creer que siendo “ruidoso” vas a sacar rédito a corto plazo, pero a medio y sobretodo a largo plazo siempre es más beneficioso ser auténtico. Fomenta la empatía, pero la empatía de verdad. Desde la autenticidad, la transparencia y la autoconfianza es mucho más sencillo construir.

El Principio de conservación de la energía dice que la energía ni se crea ni se destruye, sino que sólo se transforma.  Utiliza esa energía innata, esa inquietud o esa impaciencia. También afirma que la energía total permanece constante, es la misma, antes y después de cada transformación.  Úsala bien.

Evoluciona. Arrastra. Convence. Persuade…. y si es tu caso, salta y abre camino para otros.  ¿Quién sabe?  Igual sí eras un gurú.

¡Acuérdate de mí entonces!