Luis Castellanos

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Las mejores conversaciones son premeditadas

La potencia de una cita o de una frase no siempre está bajo el control de quien la pronuncia, sino en el ánimo de quien la escucha.  Y si el mensaje se lanza en un ambiente favorable, receptivo, y de franca y mutua atención, puede resonar y llegar con la fuerza suficiente.

Esto es potente, ¿verdad?

¿No lo crees así?

Seguro que has asistido a más de dos talleres o seminarios que versaban sobre la importancia que tiene la comunicación, la comunicación efectiva, a la hora de dirigir y gestionar un grupo de personas, y por supuesto para mejorar la relación con clientes, proveedores, socios, colegas…

Al fin y al cabo, empleamos un altísimo porcentaje de nuestra jornada  en comunicarnos con otros, muchas veces también con nosotros mismos, y para ser justos con la realidad, con diversa fortuna.

Cualquiera que sea el medio utilizado, encuentros presenciales, reuniones, presentaciones, llamadas telefónicas, correos, informes, conferencias remotas, foros, incluso blogs como éste, estamos haciendo uso de la comunicación.  ¿No sientes que a veces  no has logrado tus objetivos tras esa conversación o tras aquella reunión?  ¿No crees que tu interlocutor puede haber sentido lo mismo?

¿Pero por qué ocurre esto? ¿Por qué si realmente tenemos la habilidad de comunicar, de expresar, de entender, no logramos que nuestro mensaje “empape” o no consiguen que nosotros prestemos nuestra mejor atención?

Recientemente tuve la suerte de poder asistir a un taller muy recomendable en el que Sofía Víctor Mera (@SofiaVictorMera) defendía con pasión el concepto de las “Conversaciones Poderosas“, entendiendo éstas como aquellas en las que los participantes logran “conectar” de verdad, y donde el mensaje o la información fluye y se recibe sin filtros y sin interpretaciones.

Es la actitud, la apuesta, la predisposición para tener una conversación sincera, sin ruidos y sin juicios. ¡Qué mayor ruido puede haber durante una charla que aquel que producen tus propios juicios y prejuicios!  También el miedo, el temor, la jerarquía, la posición, la experiencia previa, las expectativas, o la oportunidad del momento…  Si no evitas todo ese ruido, si no lo controlas, si no lo dominas, acaba impidiendo que entiendas, asumas y te detengas en la esencia de lo que te están transmitiendo.  Si entra en juego el ruido, no empatizas ni te pones, de verdad, en el lugar del otro, ni se logra una conexión real y sincera.

La buena noticia es que se puede aprender a tener ese tipo de conversaciones.  La buena noticia es que se puede ensayar.  Si te has detenido a pensar en ello, y ya eres consciente de la necesidad y de las ventajas que tiene esa manera de conversar y de comunicarte, has hecho ya parte del camino.

Las “conversaciones poderosas“, o la “premeditación en las conversaciones” como me permití apuntar en el taller, son una herramienta muy potente en nuestro día a día.  Lograr que en cada interacción triunfe el mensaje y no el ruido resultará siempre beneficioso.

¿Y tú? ¿Cómo son tus conversaciones?

 

1 Comentario

  1. Ya lo creo! la victoria es amiga de la planificación. Por lo que para este caso, también aplica: analizar y recapacitar sobre los temas a tratar hace que las reuniones sean más productivas.

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