La situación ideal es ser responsable de unas funciones, contar con todos los recursos que estimas necesarios y tener a tu alcance, para poder elegir si activarlas o no, las “palancas” que facilitan, adelantan o mejoran la obtención de los resultados que te exigen.

Sin embargo todos habéis comprobado que casi nunca se dan estas idílicas circunstancias. Es más, no se suelen dar, y he aquí la gracia y la salsa de nuestro día a día. Si me permitís el concepto  se trata de ser capaces de “administrar la miseria” y aprender a “vivir en precario“, lo que lejos de ser un obstáculo representa una tremenda oportunidad para mejorar y aprender.

Optimizar innovando. O innovar optimizando. Todo ello manteniendo la operación, sin que se te agoten ni el presupuesto ni la motivación y el ímpetu de las personas que trabajan contigo.

Hoy dejo a un lado las cuestiones presupuestarias. Voy a centrarme en las “palancas” o herramientas con las que puedes jugar y tratar de obtener el mejor resultado posible. Me refiero al margen de maniobra que todo responsable de personas quisiera tener en aspectos como selección, formación, movilidad, retribución, reconocimiento, recompensa… y también en medidas más desagradables que siempre tratas de evitar pues son el último recurso.

La situación se complica cuando no tienes el control de muchas de estas herramientas, porque te crees atado de pies y manos.  No puedes premiar cuando has detectado el mérito, no puedes dar formación cuando ves las carencias o el potencial, o no puedes “mover banquillo” porque o no tienes “cantera” o no te dejan hacer “fichajes“.

No siempre tienes todas las piezas, ©LC,2016

No siempre tienes todas las piezas, ©LC, 2016

Pues señores, señoras, amigos y amigas, bienvenidos todos al maravilloso mundo del circo, porque nos pagan precisamente para esto, para GESTIONAR.  Aquí es donde tenemos que demostrar nuestras habilidades, en estas situaciones, tirar de experiencia y aplicar lo que hemos ido aprendiendo.

Os pongo un ejemplo: habéis detectado que en vuestro equipo sobresale un colaborador, por su potencial, su actitud, su talento, o su destacado desempeño.  Ojalá pudieras darle un empujón a esa carrera, abrirle puertas y facilitar su promoción.  O bien premiar, reconocer y asegurar de ese modo (¡qué egoísta eres!) que ese talento, esa motivación y ese empuje se quedan en tu equipo.   Pero no siempre puedes, ¿qué te queda?

Hay varias opciones. Una de ellas es delegar.

Empieza, si no lo has hecho ya, a delegar tareas o funciones, nunca la responsabilidad.  Se requiere de un compromiso previo y de una hoja de ruta.  Sentadas las bases, cuando se alcanza el acuerdo, no hay marcha atrás.  Tienes que dotar a esa persona de la confianza y la autonomía necesarias, reforzando en los momentos de duda, haciendo un seguimiento “no intrusivo“, aceptando que las equivocaciones y los errores forman parte del camino, aprendiendo de ellos cuando sucedan para no volver a incurrir en los mismos, y sobretodo, reconociendo el buen desempeño y atribuir todo el mérito cuando se alcanzan los resultados y los objetivos.

Llegados a ese punto, tienes que dar ese “pasito atrás” en el escenario del que os he hablado ya en alguna ocasión, y que algunos no saben dar cegados por la luz de los flashes.

La oportunidad que supone este proceso te permite priorizar tareas y reorganizar el día a día de tu equipo.  Vas a crear las condiciones necesarias para hacer las cosas de un modo diferente, y probablemente, siendo egoísta (¡otra vez!) vas a drenar un tiempo del que pensabas ya no poder disponer. Mientras tanto favoreces la motivación e impulsas la cultura de colaboración y el trabajo en equipo.

Probablemente no tengas la llave de la caja para retribuir este crecimiento profesional que has tutelado, pero en ocasiones tus palabras y la comunicación que hagas del proceso pueden ser suficientes para que esa persona se convierta definitivamente en algo más que un cómplice y un adepto a la causa.

Si eres justo y equitativo en las oportunidades y en las decisiones, esa persona será un ejemplo para los demás colaboradores, y su desarrollo será un logro que quizá no incluirás en tu curriculum, pero del que podrás hablar algún día en tu propio blog.